#Fotos | Programa #31 – Enrique Decarli

Aquí les compartimos las fotos de la emisión #31 momento en el que recibimos al escritor ENRIQUE DECARLI. Fue una emisión muy interesante, llena de literatura, de música, lindos adelantos y risas.  ¡Ojalá lo hayan disfrutado y si no pudieron escucharlo encuentran el programa completo aquí! ¡Gracias, Enrique! ¡Que lindo tenerte en el estudio!

 

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Programa Completo #31

Aquí te ofrecemos el programa #31 de NUNCA SE SABE. Esta vez recibimos al escritor ENRIQUE DECARLI en nuestros estudios, además de recomendaciones, música, mates y mucho más. Hablamos de películas, series y libros Charlamos largo con nuestro entrevistado. ¡Un hermoso programa! Con la conducción de Angie Pagnotta & Tommy Tow, todos los lunes de 18.00 a 19:00 por http://www.ladesterrada.com.

#Fotos | Programa #30 – Verónica Martínez

Aquí les compartimos las fotos de la emisión #30 momento en el que recibimos a la escritora VERÓNICA MARTÍNEZ. Fue una emisión muy interesante, llena de literatura, de música, lindos adelantos y risas.  ¡Ojalá les haya gustado! ¡Gracias, Vero!

 

#Fotos | Programa #29 – Esteban Moscarda

Aquí les compartimos las fotos de la emisión #29 momento en el que recibimos al escritor ESTEBAN MOSCARDA. Fue una emisión muy entretenida, llena de literatura, de música y de risas.  ¡Ojalá les haya gustado! ¡Gracias, Titán!

 

#Consigna | ¿Cómo juega el azar en tu vida?

En agosto, con la llegada de nuestro sexto especial #ElAzarEnNuncaSeSabe tuvimos muchas participaciones en respuesta a la consigna. El ganador se lleva un premio sorpresa y nosotros nos sorprendemos leyendo lo que ustedes nos cuentan. En esta chance tenemos PRIMER PREMIO y MENCIÓN ESPECIAL. Por eso aquí, esta nota para compartir y leer atemporalmente, cuando gusten. ¡Gracias a todos por participar!

NUNCA SE SABE, lunes de 18 a 19hs por Radio La Desterrada, con la conducción de Angie Pagnotta & Tommy Tow.


Primer premio:

Juanci Laborda

La bala

Ahora que lo pienso, nunca fui tan niño como esos meses: persiguiendo  chanchos a piedrazos y trepando árboles para comer fruta, que luego me provocaba tremendas diarreas.

Año 1989. Cuando se enteraron de que el cuarto hijo venía en camino mis viejos decidieron por fin ampliar la casa. Pero la megadevaluación de ese año paralizó la obra apenas empezada. O sea, quedamos sin casa (hecha escombros) y sin poder alquilar. Los familiares más cercanos no tenían espacio para albergar a una familia de cinco integrantes y medio…

Así fue como terminamos en una casa/chacra media abandonada en las periferias de la ciudad, propiedad de un tío lejano de mi mamá. Nuestros vecinos más próximos eran policías y reclusos de la penitenciaría. Cuando había una fuga, éramos la primera propiedad que revisaban. Algunos policías se habían aprendido nuestros nombres, y en las inspecciones a veces traían algunas de las golosinas que fabricaban los presos para mí y mis hermanos. 

La casa era amplia. Me gustaba eso. Pero mis viejos renegaban que era fría, y que para calefaccionarla el hogar a leña no alcanzaba.

Además la casa tenía un montón de tesoros, en los muchos cajones olvidados encontraba todo tipo de herramientas o pedacitos de algo que servían para construir el imperio de mis juguetes. Así fue cómo encontré la bala. Sabía lo que era porque había visto varias en televisión, y supe que era real y mortal cuando noté su pesado frío en los dedos. La bala se transformó en mi juguete más preciado, tanto que cuidé celosamente que ni mis viejos ni mis hermanos supieran de su existencia.

Un domingo, aprovechando el hogar a leña, mi papá preparó un asado dentro de la casa. Se había empeñado en que lo ayudara. Disfrutaba tirando palitos a las brasas y viendo cómo se consumían. En algún momento quise ver qué pasaba si tiraba algún juguete. Supongo que arrojé una rueda de algún autito roto. Me encantó ver cómo se derretía. Tiré varios más hasta que me retaron y me mandaron a poner la mesa. Pero ver el naranja del fuego es algo que incluso hoy me encanta, y cuando no me observaban arrojé la bala a las brasas. Quedé un rato expectante, y como no pasaba nada me fui a jugar con mis hermanos. 

Mi viejo servía la primera ronda de costillas cuando se escuchó un estruendo que nos ensordeció a todos. Algo había explotado en el hogar a leña. No sabían qué. Inspeccionaron las cenizas y no encontraron nada. Pero al girar vieron en la pared un orificio de bala a la altura de la cabeza de mi hermana. 

No dije nada. Mis viejos no encontraban explicación alguna.

Cuando limpiaron la parrilla distinguí al casquillo oculto entre plástico fundido.

Recién unos días más tarde cuando los policías de la penitenciaría, nuestros buenos vecinos, realizaron una inspección de oficio me quebré y confesé mi culpa. Ese día no llevaron golosinas.

 

Menciones especiales:

Laureano Dumont

A mí me pasó que la primera vez que entré a un casino gané…jugué a los números de mi cumple y el de mi novia dos veces y gané dos veces….suerte de principiante que le dicen.

Federico Brittos Lencina

Para mí el azar juega en las relaciones amorosas, con mi novia nos gustabamos del colegio pero nunca nos habíamos dicho nada….un día en una juntada, alguien se lo dijo (una amiga en comun) y fue Mach al instante….en eso juega el azar….en lo inesperado que pasa entre dos que se gustan.